Te quisiera cerca,
siempre te escapas
como un haz de luz
hacia la eternidad,
y yo
finito,
incompleto,
reducido,
te quisiera cerca
hasta la respiración,
un poco de iluminación,
y te espero,
te espero,
te espero.
Desearía... colores, sueños.
Ícaro.
[...] Y de pronto, me sentí solo. Las olas de su voz ya no tocaban mis oídos. Sólo veía chispas, rayos dorados cayendo desde el cielo hacía mi encuentro. Tal vez un gesto. Sí, un eco profundo se hundió en mis espaldas. Sólo uno y nada más... silencio absoluto. Luego, todo el mundo se encendió y yo, ardí junto a él. Padecí una bola de fuego en mis entrañas que aún invaden mis recuerdos.
Por un momento, las cosas parecían callar, desplomarse a mi lado, detenerse. La quietud en el ocaso. La quietud, por ejemplo, de los caminos. El ensombrecimiento mudo y apagado.
Vida es emoción. Un cuerpo solo y encendido, como la brisa, se desmorona. Lágrimas invisibles de fuego, estelas fugaces me abandonan. Todos se llevan el dolor al cielo pero no lo ven.
Un nudo de tristeza inflamando mi carne me somete amargamente. Las brasas aún hieren mis sentidos, mi juicio. Esto soy yo y al mismo tiempo, me deshago.
«No te acerques, no me busques. El dolor me sofoca, me despegaron a fuego de tu alma y tú, no hiciste nada para evitarlo, un susurro perdido en los aires. Llevaré mi muerte a su entierro. Y luego, tal vez, desee tocar el sol nuevamente». [...]
Once para dos
Es curioso, cuando se siente que las cosas han pasado tan rápido y uno se da cuenta que no es tan así... los juegos de la mente a veces resultan hermosos.
Paisajes en acuarela, translucidos, se mimetizan atravesando los ojos de principio, uno y otro; verde, azul, rojo relucen y se e s t i r a n hasta alcanzar la tarde y ya son las once para las dos.
Que belleza ser testigo del paso del tiempo, qué rodeos, qué carreras, si nunca corre tanto como el viento cuando se oye llegar y levanta, revuelve las vidas. Protagonismo y tal. Amo amarte, amo saber que aún, luego de todo lo que ha pasado, seas para mi y que no obstante, las cosas no se queden ahí estáticamente cual barco flotando a la deriva, más bien luchando, bailando, oleando la marea, orillando en la conciencia y los sentimientos, qué manera de vivir ese amor, qué manera de recibir felicidad. Vivir, vivir intensamente y amar, amar intensamente; que es, para estos efectos, lo mismo.
Jamás, jamás se ha sentido el amor tan ardiente como los momentos en que se recibe y entrega simultáneamente, cuando se deposita voluntad hasta más no poder y lo demás no hace más que aumentar la sensación, el fuego, el tiempo, la hora, momentos, aromas, recuerdos.
En este once para dos, quiéralo o no, se disfruta hasta el final. Y qué contradicción, si ambos somos, a fin de cuentas, el principio, y el final.
Paisajes en acuarela, translucidos, se mimetizan atravesando los ojos de principio, uno y otro; verde, azul, rojo relucen y se e s t i r a n hasta alcanzar la tarde y ya son las once para las dos.
Que belleza ser testigo del paso del tiempo, qué rodeos, qué carreras, si nunca corre tanto como el viento cuando se oye llegar y levanta, revuelve las vidas. Protagonismo y tal. Amo amarte, amo saber que aún, luego de todo lo que ha pasado, seas para mi y que no obstante, las cosas no se queden ahí estáticamente cual barco flotando a la deriva, más bien luchando, bailando, oleando la marea, orillando en la conciencia y los sentimientos, qué manera de vivir ese amor, qué manera de recibir felicidad. Vivir, vivir intensamente y amar, amar intensamente; que es, para estos efectos, lo mismo.
Jamás, jamás se ha sentido el amor tan ardiente como los momentos en que se recibe y entrega simultáneamente, cuando se deposita voluntad hasta más no poder y lo demás no hace más que aumentar la sensación, el fuego, el tiempo, la hora, momentos, aromas, recuerdos.
En este once para dos, quiéralo o no, se disfruta hasta el final. Y qué contradicción, si ambos somos, a fin de cuentas, el principio, y el final.
Revolticosas
Aún hay tiempo para esparcir regalos...
- Señor, alguien se desmayóEsto no se detendrá... ¿Quién olvida la brisa?. En las azoteas de los árboles, los retoños revolotean obviando dioses y sombras o cuentos que parecen leyes, oscilan mirando focos imaginarios en el cielo y, encantados, lo arriesgan todo ¿Nadie conoce el otoño?. Las pestañas marchan al barranco radiantes, soñando que soñarán, soñaban, pensaban acostarse en caída libre desde el tejado. Voces que se parten la voz sacudiendo las almohadas ¡aún hay tiempo! aún hay tiempo para decir lo que se tiene que decir, lo que se pretende vivir, para qué estirarlo en todos los ocasos si los días no se escurren, se recorren.
- Dónde?
- Cerca de la salida
- Muchas gracias
Un espacio al misterio, dibujos al aire o en hojas cayendo esparcirte en la mesa o sobre el espacio, buscando la pasión me perdí en paisajes eternos, me sentí un pasajero que recuerda sus días en el asiento mirando al vacío, como si se le escapase la vida, se desmayan...
Mi campaña supone sueños que se compartan en medio del cuerpo y si les parece prefiero no saber dónde, ciegos y sordos también viajan en el vagón y me atrevería a decir que no menos tristes, al contrario, son paseos hermosos que carecen de bostezos y no obstante el viento corre, revolotea éstas y todas las vidas.
Cartas esperan la imaginación que derrama la mirada, unos ojos que contengan la figura de un amor esencial, nada se compara; ni el sacrificio, ni el tiempo, ni la piel, ni la clemencia, ni la condena, ni la ausencia. es tan fugaz que nadie la ha descubierto sino es correspondiendo su mirada en el cielo y sin miedo.
Mi misión, mi larga misión querido Sancho, radica en aprender el cómo mantener una sensación tan fuerte, tan ardiente sin herirme, sin perderla por un descuido, carezco de formulas, mi estrategia se basa en recorrer los días tomándole la mano, aún estando ausente y atarla a un hilo rojo caído del tejado de la luna, el otoño no dura un segundo pero pretendo creer que lo hace, darme el tiempo para mirar los focos imaginarios en el cielo, encantándola y esperar que lo arriesgue todo, ya saqué número y la lista de espera me parece que no es tan larga, su canción me mantiene dibujando en el aire aún sin espacio, yo quería atrapar las hojas en la mesa pero me perdí en el mundo, estoy lejos, cerca y lejos pero revoloteando su vida, haciendo valer mi voluntad ella me atrapa como a una hoja, me encuentra antes que yo a ella, pero no obstante, incluso en la distancia algo me exige de una forma muy particular, esforzarme por encontrarla ¿Cómo lo haré? no sabría responder, pero algo me dice que la clave es
Descubrirla con amor, hacerlo, digamos, en un abrazo... muchas gracias.
Diez
Seguramente poco sorprenderán las acciones. Lo que diga o lo que haga tal vez ya se leyó, en algún capítulo pasado.
¿Por qué todavía, después de tanto? ¿Por qué aún? Quiero pensar que no es cosa de leer y acabar, ver y terminar, y el siguiente, el siguiente, el siguiente... que el anterior no tiene nada que ofrecer ¿Cuándo ha sido cosa de oferta?
Estoy aquí, otra vez, igual que antes, pero no quiere decir que me repita. Toda vez que me presento, supongo yo, difiero de la anterior. Pero claro, mi esencia me sigue, mi forma no lo consigue. Me declaro incompleto con las líneas de mi vida rotas, agradablemente rotas, infinitamente destrozadas... puedo ser, lo que me apetezca. Las redes se me escapan al tiempo que el mar se lleva mi barcaza, aún con las manos vacías puedo sostener y gritar las cosas que todos callan por vergüenzas ajenas... qué importa que se oigan del espacio gaviotas competencia, qué importa quedar sin voz aullando lo mucho que se siente, qué más da, qué más da... No conocerán lo que conoce un navegante, será lamentable ver sus caras pensando los sueños en vez de vivírlos.
Vivir intensamente, llegó a mis oídos hace un año y algo más... y no me detengo, agradecido de vivir el sueño más largo, me siento un rey al que le sobran los reinos. Estamos celebrando que la soledad fue vencida de la manera más misteriosa y ojo que no es objeto de risa ni calumnias. No podré verlo muy claramente, pero sí que lo siento, sí que lo guardo muy dentro, esta barcaza que me hace viajar y recordar, construir con aromas el cuadro acuarela de intensa vida, lo mejor de todo esto, no estoy solo, te tengo a ti, ya hace diez meses.
¿Por qué todavía, después de tanto? ¿Por qué aún? Quiero pensar que no es cosa de leer y acabar, ver y terminar, y el siguiente, el siguiente, el siguiente... que el anterior no tiene nada que ofrecer ¿Cuándo ha sido cosa de oferta?
Estoy aquí, otra vez, igual que antes, pero no quiere decir que me repita. Toda vez que me presento, supongo yo, difiero de la anterior. Pero claro, mi esencia me sigue, mi forma no lo consigue. Me declaro incompleto con las líneas de mi vida rotas, agradablemente rotas, infinitamente destrozadas... puedo ser, lo que me apetezca. Las redes se me escapan al tiempo que el mar se lleva mi barcaza, aún con las manos vacías puedo sostener y gritar las cosas que todos callan por vergüenzas ajenas... qué importa que se oigan del espacio gaviotas competencia, qué importa quedar sin voz aullando lo mucho que se siente, qué más da, qué más da... No conocerán lo que conoce un navegante, será lamentable ver sus caras pensando los sueños en vez de vivírlos.
Vivir intensamente, llegó a mis oídos hace un año y algo más... y no me detengo, agradecido de vivir el sueño más largo, me siento un rey al que le sobran los reinos. Estamos celebrando que la soledad fue vencida de la manera más misteriosa y ojo que no es objeto de risa ni calumnias. No podré verlo muy claramente, pero sí que lo siento, sí que lo guardo muy dentro, esta barcaza que me hace viajar y recordar, construir con aromas el cuadro acuarela de intensa vida, lo mejor de todo esto, no estoy solo, te tengo a ti, ya hace diez meses.
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